Lego: jugar bien para innovar

21 Sept 2020 Comparte

La Real Academia de la Lengua define la palabra “innovación” como “Mudar o alterar algo, introduciendo novedades”. En otras palabras, al conocer los elementos de alguna cosa, la imaginación podrá intuir qué cambios serían posibles, y también, beneficiosos. Se trata de trascender lo que existía en el pasado sin destruirlo por completo. En el ámbito empresarial, es un concepto indispensable: la historia de gran parte de los emprendimientos pasa por algún tipo de novedad.  Para ejemplificar el tema, hoy vamos a hablar de un objeto que ha estado al servicio de los niños desde tiempos inmemorables: el juguete.

El elemento lúdico es indispensable para el desarrollo de los niños, pues es mediante el juego que la creatividad florece: se crean mundos, se imaginan historias y se buscan nuevas maneras de ver una cosa; también, las habilidades sociales nacen y crecen; no podemos dejar pasar que mediante esos momentos de diversión las personas aprenden a reconocerse, por lo que se  fortalece la noción del “Yo”; y por si fuera poco, también es importante para aprender a seguir las normativas y adaptarse a las mismas.

Visto desde esa perspectiva, el juguete es una herramienta indispensable, pues sirve para que el niño lo utilice en función de lo que esté imaginando en su momento. Uno de los ejemplos más versátiles que tenemos, y que ocupa un lugar destacado en la cultura contemporánea, es el LEGO, que en danés significa “Juega bien”. Los bloques de plástico originarios de Dinamarca pueden recrear un naufragio o un volcán, traer la trama de cualquier película hasta una habitación o hasta servir como material para artistas. Lo que no todos saben, es que anteriormente a la existencia de la imagen que conocemos de ellos, la compañía que los producía era un taller artesanal mucho más tradicional, que trabajaba con madera.

La empresa fue fundada  por Ole Kirk Kristiansen en 1932 en Bullend, Dinamarca. En un principio, hacía muebles de madera, pero con la crisis causando estragos en los bolsillos europeos, empezó a reducir los tamaños, lo cual lo llevó a producir juguetes en miniatura. Durante la Segunda Guerra Mundial, Godtfred Kirk Khristiansen, hijo del dueño, quien había estado trabajando en la compañía desde sus 12 años, asume la gerencia. Gracias a  Hilary Page, un diseñador de su confianza, empiezan a investigar la posibilidad de crear bloques que pudieran encajar entre sí. En 1949 empezaron a utilizar el plástico, lo cual en un principio no tuvo una buena recepción. Tras un par de años de experimentos, encontraron la manera de mejorar la potencia de encaje de sus piezas gracias a los sistemas de tubos, y así nació el LEGO Town Plan nº 1 en 1955, mucho más parecido a sus piezas de la actualidad. Ese mismo año apareció un nuevo logo, más cercano al que conocemos actualmente.

De muebles pequeños a juguetes; de la madera al plástico; de bloques tradicionales al LEGO. La compañía ha sido consciente desde el principio de que su constante innovación es la manera de mantenerse a flote mediante la visión de futuro. Podemos atribuir su éxito a dos elementos; primero, el hecho de haber considerado el comportamiento que el ser humano tiene en su infancia,  que como ya dijimos, le asigna un lugar destacado al juego, por lo tanto, la versatilidad que los bloques de plástico pueden ajustarse a cualquier experiencia lúdica; y segundo, su consciencia de la necesidad de romper la tradición si es necesario.

Lo que Godtfred Kirk Christiansen y su padre hicieron en cada etapa de su empresa fue crear un modelo de negocio distinto, cada uno adaptado a las circunstancias que le rodeaban. La cámara de Valencia, en la página web de su maestría, admite la ambigüedad del término, pero en líneas generales, lo relaciona con la información que tenemos de lo qué queremos hacer, el cómo lo vamos a hacer, la conciencia de nuestras ventajas y desventajas, y por supuesto, nuestra capacidad de sintetizar todos estos conocimientos y objetivos para proceder a la acción.

Ya en 1968, en su ciudad natal, se inauguró un parque temático, el primero de muchos. Si se observan las piezas que son destinadas a niños en su primera infancia, se notará que son mucho más grandes que las demás, y eso tiene una razón de ser: evitar que los bebés se las traguen. También, en la década de los 90, comenzaron a lanzarse packs ambientados en universos cinematográficos: Harry Potter, Star Wars, Indiana Jones, Avatar, etc.  Y no podemos pasar por alto su producción de películas, ni su línea de videojuegos. Estamos hablando de un crecimiento constante de la propia autoimagen de la institución: la creación de espacios para el disfrute de la familia entera, el uso de íconos culturales, la incorporación al mundo audiovisual, han sido medidas que han tomado en cuenta el contexto global. Rafael Osío Cabrices, en un artículo de la revista Debates IESA, comentó sobre la estrategia de la compañía ante la crisis A finales del siglo XX, cuando los videojuegos se apoderaron del mercado y los balances anuales de Lego empezaron a presentar saldos en rojo, la estrategia de la institución estuvo en escuchar a las personas.

“Fue el comienzo de la política de investigación y desarrollo que ha terminado por hacer de Lego lo que es hoy. Ese conocimiento acumulado sobre lo que quieren los niños les ha permitido lanzar exitosas líneas para varones (Ninjago, Legends of Chima) y para niñas (Friends). Pero Lego no se conformó con observar a los niños. También prestó oídos a lo que decían los fanáticos adultos, de 30, 40, 50 años. Gente que había desarrollado un mundo al margen de la empresa, con sus redes sociales, sus competencias, sus bibliografías y hasta sus iniciativas económicas particulares. Un mundo subterráneo, de puertas adentro, de individuos comunes, donde bullían las ideas que Lego había olvidado cómo generar.”

Todos los esfuerzos descritos hasta ahora nos conducen hasta una misma conclusión: por muy exitoso que sea un logro empresarial, nada es estático. LEGO nació como un taller de madera, se convirtió en un producto novedoso, y a partir de allí, evolucionó hasta constituirse como un universo entero, en constante crecimiento. Podría decirse que los bloques de colores son un símbolo de la innovación. Es esa la lección que la familia Khristiansen le ha dado al mundo empresarial: todo éxito se construye con el pasar del tiempo, nunca se detiene.

Por: Diego Alejandro Torres Pantin